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Familias mormonas

16 Marzo 2010 por Delmy  
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Los mormones tienden a tener familias muy tradicionales. Ellos no han practicado la poligamia hace más de cien años, y hoy promueven un hogar tradicional de dos padres, con una madre y un padre.

Por supuesto, no todas las familias mormonas cumplen el ideal, pero todavía se enseña lo ideal y se anima a los miembros a luchar por ese tipo de familia. Ellos aprenden que Dios creó el matrimonio y las familias con Adán y Eva, y que las familias son fundamentales para el plan de Dios para sus hijos. Es dentro de la familia que los niños aprenden el Evangelio, se les enseña sobre el amor, la responsabilidad y la autodisciplina. Aunque los programas de la iglesia, la escuela, y otras actividades fuera del hogar pueden ayudar a reforzar los valores y las características que los padres quieren para sus hijos, ellos no  pueden sustituir a los padres.

Cuando sea posible, las madres permanecen en el hogar, cuidando de sus hijos y los padres ganan el sustento. Las madres no lo consideran una carga o una forma de reprimirlas. De hecho, cualquier madre sabe bien que la paternidad es mucho más difícil que cualquier otra carrera. El realizarla bien y de manera completa, es una carrera muy difícil, y mucho más satisfactoria. Nada importa más que preparar al niño para la edad adulta y la eternidad.

La iglesia tiene muchos programas y enseñanzas que ayudan a los padres a hacer bien su trabajo. Un programa bien conocido es la Noche de Hogar. Cada lunes por la noche, las familias mormonas dejan sus calendarios libres para una velada en casa solo con su propia familia. Aunque muchas iglesias, e incluso empresas ahora promueven noches familiares, los mormones han estado teniéndolas desde 1915, cuando Joseph F. Smith, un profeta de los inicios de la iglesia, alentó a los miembros de la iglesia a pasar una noche en casa como una familia. En 1970, los líderes de la iglesia específicamente designaron los lunes por la noche, a fin de asegurar que no haya reuniones de la iglesia o actividades realizadas que pudieran interferir.

La mayoría de las familias siguen un patrón específico para sus Noches de Hogar. Éstas se inician con una canción y una oración. A continuación se da una breve lección sobre un  principio del Evangelio, una preocupación de la familia, o cualquier otra cosa que la familia siente que se necesita en su hogar. La familia entonces concluye con juegos y actividades divertidas, seguidas por un refrigerio. La noche termina con una canción y una oración familiar antes de acostarse.

Los miembros de la familia suelen rotar asignaciones, y los niños más pequeños a veces son ayudados por un miembro mayor de la familia. De esta manera, incluso los niños pequeños aprenden a dirigir música o preparar una lección, que los capacita para realizar tareas similares en las reuniones de la iglesia cuando son mayores. Siguiendo la tradición mormona, esta formación tiene lugar en la seguridad del hogar.

Las familias mormonas también hacen un esfuerzo especial para tener oraciones familiares cada mañana y noche, además de las oraciones individuales y oraciones en pareja (las que el esposo y esposa hacen juntos por su familia.) Cada día, estudian las Escrituras con sus hijos, a menudo como parte de un devocional matutino que podría incluir una oración y un pensamiento espiritual para el día. Durante este tiempo, las familias leen las escrituras y hablan sobre lo que significan, para lo que los niños aprenden el evangelio primero por sus padres.

El sitio web oficial de la Iglesia tiene materiales para ayudar a los padres a llevar a cabo estas tradiciones y también ayudarles a edificar familias fuertes. Además, los padres pueden tomar clases sobre el fortalecimiento de sus matrimonios y mejorar sus habilidades como padres, e incluso recibir asesoramiento para las situaciones más graves. Los adultos jóvenes toman clases que los preparan para casarse y criar hijos. Incluso los adolescentes y los niños aprenden en sus clases la importancia de la familia y cómo cada miembro puede contribuir a su éxito.

Los mormones ponen un gran énfasis en la familia, porque ellos enseñan que la vida familiar no es sólo para esta vida, sino que puede, si las familias trabajan para ello, continuar por toda la eternidad. Al casarse en el templo mormón, y luego honrar sus compromisos con Dios y sus familias, ellos pueden llevar consigo al cielo a las personas que más aman. Ellos saben que un Dios amoroso no haría que las familias sean tan grandemente importantes para nuestro corazón y gozo y luego nos privaría de ellos al entrar en un lugar donde se supone que seremos más felices que nunca. Ningún miembro que ame a su familia quiere vivir para siempre sin ella.

Doctrina Mormona: Plan de Salvación de Dios

16 Marzo 2010 por Delmy  
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La doctrina mormona sostiene que nuestro tiempo en la tierra es parte de un plan cuidadosamente estructurado. Dios creó el plan para proporcionarnos experiencias y  oportunidades específicas que nos ayudaran a ser como Él (siguiendo los pasos del Padre) y encontráramos gozo completo y eterno. El plan tenía tres segmentos.

Según la doctrina mormona, en el primer segmento, nuestros espíritus fueron creados por Dios el Padre. Tuvieron género, inteligencia y personalidad, los que hemos traído con nosotros a la tierra. Ellos tomaron la forma de un ser humano, causando que lucieran como lucimos hoy, pero sin huesos, sangre y otros componentes de la mortalidad. En otras palabras, éramos nosotros mismos en forma de espíritu.

Después que se crearon nuestros espíritus, vivimos con Dios en una existencia pre-mortal. Allí aprendimos a conocer a Dios y Su Evangelio. Ganamos capacidades y nuestra personalidad y carácter comenzaron a desarrollarse. Crecimos y avanzamos, pero había limitaciones sobre cuánto podríamos progresar bajo esas circunstancias protegidas y limitadas.

Con esto en mente, Dios nos reunión para explicar la próxima fase del plan. En esta fase, nos darían un nuevo hogar, creado sólo para nosotros. Cada uno de nosotros tendría un turno para venir a la tierra y vivir. Aquí habíamos recibir un cuerpo, igual que el de Dios, pero imperfecto y mortal. Nos olvidaríamos de nuestras vidas en el cielo, pero traeríamos con nosotros quienes nos habíamos convertido hasta ahora. Con esto y los talentos y dones diversos que Dios nos daría, seríamos responsables de buscar la verdad y luego elegirla para vivirla una vez que la encontráramos.

Dios nos prometió ayudarnos. El Espíritu Santo nos testificaría cuando oyéramos la verdad. Tal vez has conocido a alguien y sentiste que lo habías conocido antes, o escuchado a alguien expresar sus creencias y algo en su interior le susurró que una vez usted sabía esto. El Espíritu Santo es nuestra guía para recordar lo que alguna vez conocimos.

La doctrina mormona confirma que Dios también nos prometió un Salvador. Él explicó que los elegidos para ser los primeros, Adán y Eva, a la larga traerían sobre sí la mortalidad, a través de la Caída. Todos heredaríamos determinadas condiciones, a causa de esta necesaria caída, y sin ayuda, eso significaría que nunca podríamos arrepentirnos o volver a Dios, porque nunca seríamos capaces de expiar de manera suficiente por nuestros pecados, ni podríamos vivir una vida perfecta.

Lucifer quería la tarea de salvarnos. Sin embargo, no aprobaba el plan de Dios y quería rechazarlo. Propuso que nos convertiría en meras marionetas, las que actuarían como quisieran, sin libertad en absoluto. Seríamos incapaces de pecar, porque no tendríamos control sobre nuestras vidas. Esto nos permitiría morir siendo perfectos. A cambio de esta obra, Lucifer quería toda la gloria para sí mismo. Un tercio de las personas en esta vida pre-mortal prefirieron la seguridad imaginaria de este plan, ignorando que haría que la vida en la tierra fuera sin sentido. Ellos decidieron seguirlo y fueron, junto con Lucifer, expulsados del cielo. Desde entonces, han dedicado su tiempo a tratar de hacer que todos los demás sean tan miserables como ellos.

Aquellos con más valor y fe optaron por seguir a Jesús, que también se ofreció a ser nuestro Salvador. Jesús propuso seguir el plan de Dios exactamente. Él vino a la tierra también viviendo, en algunos aspectos, como un mortal, haciéndolo capaz de comprender nuestras dificultades y desafíos. Él, sin embargo, tendría, además de una madre mortal, a Dios por Su Padre. Esta poderosa herencia haría posible que Él viva una vida perfecta y sin pecado, y así ser elegible para expiar nuestros pecados.

La doctrina mormona sostiene cuando llegara el momento, Jesús entraría en el Huerto de Getsemaní y tomara sobre Sí los pecados de todos los que habían vivido o que vivirían en la tierra, un proceso doloroso, al que Él se ofreció voluntariamente debido a Su amor por nosotros. Esto se llama la expiación. Luego, Él se permitiría a sí mismo ser muerto, y moriría en la cruz, para ser resucitado tres días después.

Con este plan en efecto, podríamos tener la vida que Dios planeó para nosotros. Nuestro tiempo aquí tendría sentido y propósito, lo que nos permitía tener nuevas experiencias, crecer y ser probados. Averiguaríamos realmente cuán gran fue nuestro gran amor por nuestro Padre, cuando viéramos cómo elegiríamos vivir cuando viviéramos por nuestra cuenta, de una manera similar a cuando un adulto joven descubre quién es en realidad sólo cuando se va de casa.

En la etapa final, estaríamos ante Dios y el Salvador para que nuestras vidas fueran evaluadas, con el Salvador actuando como nuestro abogado. La doctrina mormona afirma que Su don de la expiación haría posible que todos nosotros resucitáramos de los muertos. Nuestro compromiso a vivir el evangelio, combinado con la expiación, nos permitiría vivir con Dios, si nos preparamos adecuadamente para hacerlo. Dios, incluso preparó una forma de que aprendiéramos el Evangelio después de la muerte si nunca se nos lo ofreció en nuestra vida. Entonces, como ahora, seríamos libres de elegir, porque el albedrío es un aspecto fundamental de nuestra existencia.

Según la doctrina mormona, este Plan de salvación que Dios preparó para nosotros es uno de gran amor, sacrificio y equidad. Él y el Salvador hicieron su parte y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra buscando la verdad y consultando a Dios sobre lo que es verdadero.

Jesucristo

16 Marzo 2010 por Delmy  
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Los mormones consideran a Jesucristo como la pieza central de su religión. Su nombre se coloca en el centro mismo del nombre real de la Iglesia: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. (Mormón es sólo un apodo que viene de su uso del Libro de Mormón, además de la Biblia). El Salvador ocupa la misma posición en la iglesia.

Los mormones enseñan que Jesucristo es literalmente el Hijo de Dios, el Hijo Unigénito de Dios. Él vino a la tierra como un regalo para nosotros, después de haber prometido vivir una vida perfecta, para expiar nuestros pecados, lo que ocurrió en el Jardín de Getsemaní, y luego morir en la cruz. Después de Su muerte, Él resucitaría, tal como podemos resucitar algún día gracias a Su regalo para nosotros.

La educación de un mormón sobre el Salvador comienza en los primeros años de la infancia. A medida que los niños aprenden a orar, se les enseña a orar en el nombre de Jesucristo. Incluso la guardería para los niños pequeños incluye breves lecciones sobre la vida del Salvador y los niños aprenden a cantar: “Quiero ser como Cristo”. Las clases para los niños utilizan la vida terrenal del Salvador como un ejemplo de cómo los niños deben vivir sus propias vidas. Por ejemplo, aprenden que Jesús lavó los pies de Sus discípulos, y entonces aprenden que también deben servir a los demás, aunque sean pequeños. En la clase, piensan en maneras de servir y llevar a cabo un proyecto de servicio simple.

Recientemente, los niños en la iglesia aprendieron una canción que le preguntaba si vivirían de manera diferente si pudiéramos ver a Jesús de pie junto a nosotros, observándonos. En el último verso, se les recuerda que Jesús está siempre cerca, siempre pendiente de ellos y los ama, y por eso siempre deben vivir de la manera que vivirían si pudieran verlo. A los mormones se les enseña a vivir sus vidas de esta manera. Jesús es personal y real para ellos, y estudian la Biblia y el Libro de Mormón en busca de pistas sobre cómo quiere Él que ellos vivan.

Sin el don de la expiación, nadie puede resucitar. La muerte sería el final, y no habría esperanza de volver a vivir con Dios. Los mormones honran y veneran a Jesucristo como su Salvador y Redentor. En muchos de los edificios de su Iglesia, usted encontrará numerosas pinturas, basadas en Su vida, un recordatorio semanal de Su lugar en nuestras vidas eternas.

El Libro de Mormón, un libro bíblico que se utiliza con la Biblia, lleva el subtítulo “Otro Testamento de Cristo” para que la gente sepa que es de hecho acerca del Salvador. Usted puede leer más sobre esto en “El Libro de Mormón”. El Libro de Mormón menciona al Salvador con más frecuencia que la Biblia, y Él y Su misión se mencionan en más de la mitad de los versículos. El Libro de Mormón expresa el deseo de los antiguos profetas que escribieron los libros en uno de sus primeros capítulos:

Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados. (2 Nefi 25:26)

Dios el Padre

16 Marzo 2010 por Delmy  
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Los mormones enseñan que Dios es muy literalmente su Padre Celestial. Él creó sus espíritus y todos vivían con Él antes de nacer, proporcionándole un conocimiento personal de nosotros. Cuando aprendemos acerca de Dios aquí en la tierra, en realidad estamos recordando lo que ya sabíamos.

Cuando José Smith vio a Dios y a Jesús a la edad de catorce años, aprendió dos importantes verdades acerca de Dios que habían sido olvidadas con los años. La primera es que Dios tenía un cuerpo como el nuestro, pero perfecto y glorificado. Aprendimos en Génesis que fuimos creados a imagen de Dios, y así, claramente, Él ha de tener un cuerpo semejante al nuestro. No somos burbujas de materia sin forma.

El segundo principio que aprendió fue que Dios y Jesús no eran la misma persona. La Biblia nos dice que son uno en propósito y doctrina, totalmente unificado en Su obra. Sin embargo, el Salvador no dejó ninguna duda de que no eran la misma persona. Esta definición es clara en Juan:

21 para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. (Juan 17)

Nos dice que vamos a ser uno de la misma manera que Dios y Jesús son uno solo. Evidentemente, no todos nos vamos a fusionar en una sola persona, sino a ser unificados en vivir el evangelio y hacer la obra de Dios.

31 Pero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio el mandamiento, así hago. ¡Levantaos, vámonos de aquí! (Juan 14:31)

Sería bastante extraño que un Salvador humilde anunciara que Él se amaba a Sí mismo. Es evidente que se está refiriendo a otra persona en esta escritura.

30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió. (Juan 5:30, versión Reina-Valera de la Biblia)

Aquí, Jesús nos dice que no busca Su propia voluntad, sino la voluntad de Su Padre. Si fueran la misma persona, esto no tendría sentido. Jesús recibe Sus instrucciones de Su Padre, no de Sí mismo.

A menudo leemos en el Nuevo Testamento acerca de Jesús, orando a su Padre. Él, como nosotros, tuvo que orar para hablar con Su padre, mientras vivía en la tierra, porque no eran la misma persona.

¿Qué tipo de Dios adoran los mormones? Los mormones conocen a Dios como un Padre bueno y amoroso, que cuida de ellos y les envía ayuda a través del Espíritu Santo. Él es un participante activo en sus vidas. Debido a que estos son los complicados días finales de la tierra, Él nos ama lo suficiente para enviar profetas para que nos guíen con seguridad a la Segunda Venida, sabiendo que el mundo ha cambiado dramáticamente desde que se escribió la Biblia, y hay nuevos retos y opciones ni siquiera imaginados en aquellos días. Él quiere ayudarnos a dar sentido a un mundo complicado y moralmente exigente.

¿Puede haber Escritura adicional?

16 Marzo 2010 por Delmy  
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El Libro de Mormón es a veces llamado, por aquellos que no entienden el mormonismo, la Biblia mormona. Esta no es una descripción correcta del mismo. Los mormones (un apodo para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) usan la Biblia y la consideran palabra de Dios, hasta donde esté traducida correctamente. Sin embargo, ellos tienen escrituras adicionales que van a la par, y dan testimonio de la Biblia.

Si bien esto preocupa a algunas personas, la preocupación se basa realmente en una mala interpretación de un pasaje bíblico. En Apocalipsis 22:18, leemos: “Porque yo testifico a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

Algunos han traducido eso en el sentido de que nada debe ser añadido a la Biblia después de que el Libro de Apocalipsis termine. Lo que se omite es que cuando esta escritura fue escrita, la Biblia todavía no se había compilado. Hubo muchos registros diferentes, todos separados y aún no convertidos en un libro por un consejo. Sin embargo, hay otra escritura a considerar cuando se lee ésta:

1 Ahora, pues, oh Israel, escucha los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis y viváis, y entréis a tomar posesión de la tierra que Jehová, el Dios de vuestros padres, os da.

2 No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.

(Deuteronomio 4 en la versión Reina-Valera de la Biblia)

Usted puede ver que encontrar otra escritura, al inicio del Antiguo Testamento, que dice no añadir o sustraer de la palabra crea un problema. Nadie quiere desechar toda la Biblia después de Deuteronomio. Como sabemos, la Biblia no se mantuvo como un registro compilado, y sólo fue compilado mucho después de que el Salvador murió, por lo que este pasaje no puede referirse al libro como un todo, que no existía entonces. ¿Qué significa?

Eso significa que no se puede agregar o quitar de la palabra de Dios. Cada palabra después de “En el principio”, es Escritura añadida. Pero la Escritura debe ser siempre la palabra de Dios. Los mormones en efecto, usan más escrituras que otras religiones, pero cada una es la palabra de Dios y contribuye a nuestro conocimiento y comprensión del Evangelio.

El Libro de Mormón es un registro antiguo, que abarca algunos de los mismos períodos de tiempo que la Biblia, pero en un continente diferente. De este registro aprendemos más de los tratos de Dios con el hombre, y nos damos cuenta de que Él no era sólo el Dios de Israel, sino que era el Dios de todos nosotros. Él se preocupa por todos Sus hijos, no sólo por un pequeño grupo que vive en un área. Aunque hemos tenido, inicialmente, sólo el registro de Su obra con un pueblo, Él estaba, de hecho, preocupado e interactuando con muchas personas, y esto debería proporcionarnos gozo.

Además, Dios no se retiró cuando Jesús y los apóstoles murieron. Él ha seguido velando por nosotros, y en estos últimos complejos días del mundo, Él está de nuevo comunicándose con nosotros directamente a través de los profetas, tal como lo hizo en tiempos antiguos. Él está personalmente guiándonos a través del proceso de prepararnos para la Segunda Venida, y esta es la fuente de otra Escritura mormona. Si no hay siquiera una posibilidad de que Dios nos hable hoy en día, ¿quieren arriesgarse a perderse de sus palabras? ¿Por qué no aprender más y descubrir por sí mismo si Él ha venido en realidad a guiarnos de regreso a casa?

Bautismo

16 Marzo 2010 por Delmy  
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Los mormones consideran el bautismo como un sacramento esencial. Jesucristo, a pesar de que Él era perfecto, insistió en ser bautizado por alguien que tenía la autoridad de Dios para hacerlo, su primo, Juan. Jesús fue bautizado por inmersión, es decir, Juan lo sumergió completamente bajo el agua por un momento. Esto representaba la muerte y resurrección, así como el simbolismo mostrado cuando uno se lava hasta quedar limpio.

3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Romanos 6

El propósito del bautismo es borrar todos los pecados cometidos anteriormente, ofrecer a las personas un nuevo comienzo, y tomar sobre sí convenios específicos. Un convenio es una promesa entre el hombre y Dios, en el cual Dios establece las condiciones del acuerdo.

Las creencias mormonas requieren el bautismo de todos los mayores de ocho años de edad que opten por unirse a la iglesia como un converso. Esto permite que las personas que acaban de llegar a entender y conocer lo que Dios quiere de ellas, sea limpiadas de las cosas que hacían antes de obtener un testimonio del Evangelio restaurado. Ellos empiezan como nuevos cuando se convierten en un miembro de la Iglesia.

En el bautismo, los miembros hacen convenio de tomar sobre sí el nombre de Jesucristo y de guardar los mandamientos de la mejor manera posible. A cambio, Dios promete bendecirlos y permitirles regresar a Él algún día, si lo hacen lo que Él pide.

Los niños no son bautizados hasta que tienen ocho años de edad, la edad de responsabilidad. Los niños menores de ocho son redimidos por medio de la expiación de Cristo, y en caso de que un bebé o un niño muera antes de cumplir la edad de ocho años, él o ella vuelve directamente a Dios, no siendo responsables de las decisiones tomadas antes de ese momento.

Los niños de ocho años y mayores son responsables de las cosas bajo su control y que ellos conocen. Los padres son responsables de enseñar a sus hijos las verdades del Evangelio y ayudarles a vivir esas verdades.

Después del bautismo, una persona será un miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (a menudo conocidos como los mormones) y recibirán el don del Espíritu Santo.

Hechos 2:38 Y Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Después de haberse arrepentido de sus pecados anteriores, y sabiendo ahora lo que Dios desea que hagan, los nuevos miembros pueden comenzar de nuevo y empezar a vivir una vida centrada en Cristo, enfocada en la eternidad. El Espíritu Santo los guía en forma segura a través de esta nueva vida y les ayuda a recibir la confirmación de Dios que están en el camino correcto y a tomar decisiones cuando surjan nuevas situaciones.

Si Jesús fue bautizado, no teniendo pecado que requiera ser perdonado, nosotros podemos estar seguros de que eso se requiere de nosotros, con todas nuestras imperfecciones y necesidad de dirección espiritual.

Expiación

16 Marzo 2010 por Delmy  
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El plan de Dios para Sus hijos, que se nos dio antes de que la tierra fuese creada, necesitó que alguien expiara nuestros pecados. Sin embargo, para realizar esa expiación, la persona que lo hizo tuvo que haber vivido una vida sin pecado, y ninguno de nosotros sería capaz de hacer eso. Jesús se ofreció a Sí mismo para ese papel, siguiendo el plan de Dios, viviendo sin pecado, expiando por nosotros, y luego sufriendo la muerte y resucitando. Fue una increíble ofrenda de amor.

¿Qué es una expiación? En el sentido bíblico, es una forma de reconciliar o volver a la armonía. La expiación de Jesús en nuestro nombre satisfizo las demandas de la justicia-reconcilió nuestras vidas con los requisitos de los Cielos- y nos ha permitido volver a Dios en armonía con las leyes espirituales.

“Él vive, el Salvador y Redentor de toda la humanidad, cuya Expiación fue un acto de gracia para todo el mundo. …Él ha hecho lo que no podíamos hacer por nosotros mismos: ha dado sentido a nuestra existencia terrenal y nos ha dado el don de la vida eterna. …Demos gracias a Dios por el don de Su Hijo, el Redentor del mundo, el Salvador de la humanidad, el Príncipe de vida y de paz, el Santo”. (“Un testimonio del Hijo de Dios”, por Gordon B. Hinckley, anterior presidente de la iglesia, Liahona y Ensign, diciembre de 2002, págs. 4 y 5).

La expiación era necesaria debido a la caída de Adán y Eva. La expiación del Salvador borra esa deuda y todos, absolutamente todos los que viven en la tierra, resucitarán y vivirán para siempre. Sin embargo, aunque Jesús expió por ese pecado, no somos libres para hacer lo que queremos como resultado. Dios es un Padre bueno y los buenos padres enseñan a sus hijos la autodisciplina y la responsabilidad. Por esta razón, Dios nos hace responsables de nuestros propios pecados. Cuando hacemos algo malo, debemos arrepentirnos. La expiación hace posible el arrepentimiento, pero debemos hacer nuestra parte también.

El arrepentimiento implica varios pasos. En primer lugar, por supuesto, hay que reconocer que el pecado se ha producido y sentir verdadero pesar por ello. Cuando nos duele el corazón por nuestras imperfecciones y errores, estamos demostrando un verdadero testimonio de ese principio. Tenemos que hacer la mejor restitución que podamos por lo que sea que hayamos hecho, pidiendo disculpas a los que hemos hecho daño y tratando de reparar el daño. Tenemos que confesar nuestros pecados a Dios y pedir Su perdón y el de los que hemos herido. Por último, tenemos que abandonar completamente el pecado.

Los mormones consideran que la gracia, la capacidad de vivir para siempre debido a la expiación, es diferente de la plenitud del don. Vivir para siempre es bueno, pero podemos, si deseamos, tener más. Podemos tener vida eterna. La vida eterna significa la capacidad de vivir en la presencia de Dios. Dios no puede estar en la presencia del pecado, y no querríamos pasar la eternidad con personas que no están totalmente comprometidas a vivir según la voluntad de Dios. Esto significa que debemos prepararnos para ser la clase de persona que se sienta cómodo en la presencia de Dios y viviendo felices Su estilo de vida. Nuestro tiempo en la tierra es el momento de prepararse para esto. Es nuestra responsabilidad de hacer nuestra parte; Jesús hizo su parte, y debemos hacer la nuestra.

Cuanto más fuerte sea nuestro testimonio y amor, más fácil se vuelve vivir como Dios quiere que vivamos. No podemos alcanzar la perfección en esta vida, pero con el tiempo, seremos perfectamente dignos de entrar en la presencia de Dios por la eternidad.

Debería ser fácil encontrar en nuestros corazones el anhelo de hacer lo correcto cuando entendemos lo que el Salvador sufrió por nosotros en el Huerto de Getsemaní. El dolor de cada uno de nuestros pecados individuales fue tan grande que Él sangró por cada poro. Fue con mucho el mejor regalo que nadie había dado nunca, y Él lo hizo para cada uno de nosotros individualmente, y lo hizo voluntariamente. Nadie pudo obligarlo a hacerlo, y podría haberlo detenido en cualquier momento en el proceso. Nadie podía hacer que soporte lo que sucedió en el Huerto de Getsemaní, y nadie podía quitarle Su vida. Eso fue Su elección, Su regalo.

Es nuestra responsabilidad mostrar a Jesucristo lo mucho que ese regalo realmente significa para nosotros.

La Biblia

16 Marzo 2010 por Delmy  
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La Biblia contiene un registro de las primeras obras de Dios en la tierra, Sus primeras creaciones, y Sus primeras leyes. Comparte la increíble historia de los profetas, el coraje, el sacrificio y la fe. Se conserva para nosotros el registro de la época del Salvador en la tierra, Su sagrada misión, Sus enseñanzas y Su sacrificio expiatorio.

Los mormones creen en la Biblia. A pesar de que son más conocidos por su creencia en otro registro sagrado llamado el Libro de Mormón, también consideran que la Biblia es la palabra sagrada de Dios. El Libro de Mormón testifica de la Biblia y proporciona testigos adicionales a la divinidad y realidad del Salvador.

Los mormones utilizan la versión de Reina-Valera de la Biblia en el idioma inglés y otras versiones en otros idiomas. Si bien reconocen que la Biblia, tal como fue escrita, era la palabra de Dios, también reconocen que la traducción es un trabajo subjetivo. La Biblia no fue escrita en inglés, y con los años, varias personas la han traducido. Otras se han basado en nuevas traducciones y no en los documentos originales, sino en las traducciones, permitiendo incluso más errores y opiniones en la escritura. Hay muchas, muchas versiones diferentes de la Biblia en el mercado hoy en día, todas interpretando las escrituras de diferentes maneras. El texto exacto elegido puede influir en cómo el lector comprende la doctrina que se enseña. Ninguno de los traductores han sido profetas, y por lo tanto, ellos traducen con la comprensión del hombre, haciendo lo mejor que pueden, pero con la posibilidad de tener errores humanos o de que la interpretación falle. Los que han hecho la traducción saben que no es un arte preciso.

Por esta razón, los mormones afirman que creen que la Biblia es la Palabra de Dios, hasta donde esté correctamente traducida. También afirman que no es la palabra final de Dios. Él no terminó la Biblia y luego se retiró, dejándonos solos a la deriva mientras nos enfrentamos a nuevas situaciones no cubiertas por las enseñanzas bíblicas. La Biblia también menciona profetas y libros que no tenemos hoy en día, y eso nos ayuda a saber que los hombres que compilaron la Biblia no incluyeron todo lo que Dios enseñó a los profetas. Este es sólo un ejemplo de libros y escritos faltantes:

29 Los demás hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en los libros del profeta Natán, y en la profecía de Ahías, el silonita, y en las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat? (2 Crónicas 9:29)

Y así, aunque la Biblia es un maravilloso y sagrado registro de los tratos de Dios, Jesús y el Espíritu Santo con los hijos de Dios, no es la última palabra. Dios ha seguido siendo un participante activo en las vidas de Sus hijos. Continúen explorando este sitio y conocerán más sobre ello.

La Gran Apostasía

16 Marzo 2010 por Delmy  
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Cuando Adán y Eva fueron puestos en la tierra, Dios hablaba con ellos personalmente. Adán fue el primer profeta y recibió instrucción de Dios y de los que Dios eligió. Él aprendió los mandamientos y el plan de Dios para él y su familia. Cuando Adán murió, se eligió un nuevo profeta. Esto era necesario porque el nuevo mundo debía tener un buen inicio y saber desde el principio lo que era verdadero y lo que se esperaba de ellos. Durante gran parte de la Biblia, hubo profetas en la tierra que enseñaron y condujeron a los pueblos en su vida espiritual.

Sin embargo, hubo momentos en que los profetas fueron quitados de los pueblos de la Biblia. Eran tiempos cuando la gente prefirió la maldad e ignoraron o incluso mataron a los profetas. Durante esas épocas, la gente se quedó a la deriva por su propia cuenta, teniendo enseñanzas pasadas si elegían utilizarlas, pero sin tener nueva guía para ayudarlos a través de los cambios en el mundo. Cuando las cosas cambiaron, surgieron nuevas situaciones que no estaban cubiertas por la revelación anterior, y sin un profeta, la gente sólo podía adivinar qué hacer.

Con el tiempo, sin embargo, Dios siempre restauraba profetas y llamaba a la gente al arrepentimiento. Estas épocas cuando los profetas estaban en la tierra fueron llamadas dispensaciones. Las épocas en que no había profetas se llamaron apostasía.

Cuando Jesús se acercó y comenzó su ministerio, Él vino a ser el profeta. Era Él quien se comunicaba con Dios y enseñaba las palabras de Dios a las personas que estaban dispuestas a escuchar. Con el tiempo, por supuesto, Jesús fue asesinado. Los apóstoles siguieron dirigiendo la iglesia y proporcionando un profeta para la gente, pero la gente estaba en su mayoría desinteresada. Uno a uno los apóstoles murieron o fueron asesinados y, finalmente, no había nadie que tuviera la autoridad para continuar como profeta. El pequeño grupo de seguidores se quedó por su cuenta para mantener vivo el cristianismo, pero no había ningún profeta. Esto se ha hecho conocido como la Gran Apostasía.

Esta gran apostasía fue predicha por los profetas anteriores. Amós advirtió a la gente:

“11 He aquí, vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.:

12 E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente andarán buscando la palabra de Jehová y no la hallarán (Amos 8).

Hemos visto esto ocurrir cuando analizamos la historia del mundo religioso. Con el tiempo, la gente no podía recordar cuál era la verdad o no podía decidir lo que era verdad en un mundo cambiante. Como resultado, el creciente número de cristianos se encontraban en contradicción unos contra otros. Ellos comenzaron a separarse en pequeñas iglesias con creencias opuestas. La gente era desalentada de leer la Biblia por sí mismos, si podían leer, para que así que tuvieran que confiar en sus líderes religiosos en cuanto a lo que Dios dijo, y esta situación provocó que se produjera una drástica interpretación o corrupción de la verdad.

Aunque se habían ido los profetas, Dios no se había apartado de Sus hijos. Poderosas fuerzas espirituales estaban trabajando para preparar al mundo para el final de la Gran Apostasía.

La invención de la imprenta, que hacía menos costoso el imprimir Biblias que se podían colocar en manos de gente común y educada, ayudó a prepararse para un momento en que los profetas pudieran volver. La labor de la Reforma Protestante también contribuyó a allanar el camino para la restauración de la verdad. John Wycliffe protestó contra la corrupción que se había introducido en la iglesia del Salvador y fue puesto bajo arresto domiciliario por ello hasta su muerte dos años después. Jan Hus fue quemado en la hoguera como hereje por estar de acuerdo con algunas de las creencias de Wycliffe. Y, por supuesto, Martin Lutero cambió la historia religiosa cuando protestó por la venta de indulgencias y otras corrupciones. Cuando fue llamado por el emperador, él declaró:

“A menos que sea condenado por la Escritura y la razón sencilla -no acepto la autoridad de los papas y concilios, pues se han contradicho entre sí- mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, porque ir en contra de la conciencia no es ni correcto ni seguro. … Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa”.

Como Lutero y otros vieron, las iglesias se estaban contradiciendo entre sí y contradecían la Escritura. Estos esfuerzos de reforma establecieron el escenario para los tipos de cambios que harían que otros se preguntaran acerca de la diversidad de la doctrina contradictoria en existencia, y esto, a su vez, llevaría a algunos de ellos, uno joven en particular, a comenzar la búsqueda de la única iglesia verdadera.

¿Los mormones creen en la Trinidad?

16 Marzo 2010 por Delmy  
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La Trinidad es la creencia de que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son todos un solo ser -tres aspectos del mismo ser. Los mormones rechazan la trinidad como que es post-Bíblica. Las creencias mormonas aceptan a los tres seres como seres completamente separados, pero uno en doctrina y en propósito. Están totalmente unificados en su obra.

Los Trinitarios a menudo usan escrituras para respaldar su creencia, generalmente aquellas en las cuales Jesús dice que Él y el Padre son uno. Otra escritura popular se encuentra en Juan, capítulo 14:

9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? (Juan 14)

Aquellos que sacan esa escritura de la versión del Rey Santiago a menudo no notan que un poco más abajo, Jesús demuestra lo que esto significa.

10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mí mismo, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Este versículo demuestra que no son la misma persona, porque Jesús dice claramente que Él no está hablando de Sí mismo, ni es Él la persona que está haciendo las obras. Más adelante en el mismo capítulo aprendemos aún más:

20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

En este versículo, Jesucristo afirma que Él está en el Padre, pero Él sigue el mismo modelo diciendo vosotros (los apóstoles) están en Él. Claramente Él no estaba diciendo que los apóstoles también eran parte de la Trinidad. Si los apóstoles estaban en Jesús de la misma forma que Jesús estaba en el Padre, entonces el versículo quiere decir que están unificados, pero no son la misma persona. Debido a que ambas frases están en la misma oración, el significado está muy claro.

En el versículo final de este capítulo, Jesucristo expresa Sus sentimientos por Su Padre:

31 Pero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio el mandamiento, así hago. ¡Levantaos, vámonos de aquí!

Parece poco probable que Él fuera por ahí diciendo cuándo desea que el mundo vea cuando Se ama a Sí mismo. Este capítulo hace un excelente trabajo de demostrar la individualidad de las tres partes de la Deidad, como los mormones llaman a Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo.

En Juan, capítulo 8, vemos mayor evidencia de su individualidad:

28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que, como el Padre me enseñó, así hablo.

29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que a él le agrada.

En estos versículos, Jesús habla acerca de que Dios es la persona que le asigna Su obra. Él no hace nada por Sí mismo, sino que sigue las enseñanzas de Su Padre, y obra para complacerlo a Él.

Una persona que lee la Biblia cuidadosamente notará que hay muchos versículos que demuestran que Dios y Jesús son una familia, no un ser solo. La trinidad es un concepto que se desarrolló después de la muerte del Salvador y los Apóstoles. A Tertulian se le acredita ser el primero que usó el término para describir a Dios, Jesús y el Espíritu Santo, al escribir a principios del siglo III, y fue otro siglo después antes de que el Primer Concilio de Nicea lo declarara formalmente como doctrina, después de un debate en el cual cinco personas no estuvieron de acuerdo inicialmente. Se habló con tres para que cambiaran de opinión y los que restantes en desacuerdo fueron expulsados. La doctrina no fue declarada por un profeta, sino escogida mediante un debate.

Las creencias mormonas enseñan que Jesucristo es lo que la Biblia dice que es Él -el Hijo Unigénito de Dios el Padre. Aunque Él vino a la tierra, Dios continuó observándolo y cuidándolo en la tierra, oyendo oraciones, incluyendo las de Jesucristo, que no estaba orando a Sí mismo- y respondiéndolas. En perfecta armonía, ellos obran con el Espíritu Santo para llevar a cabo la obra de Dios.

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