Doctrina Mormona: Plan de Salvación de Dios
Marzo 16, 2010 by Delmy
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La doctrina mormona sostiene que nuestro tiempo en la tierra es parte de un plan cuidadosamente estructurado. Dios creó el plan para proporcionarnos experiencias y oportunidades específicas que nos ayudaran a ser como Él (siguiendo los pasos del Padre) y encontráramos gozo completo y eterno. El plan tenía tres segmentos.
Según la doctrina mormona, en el primer segmento, nuestros espíritus fueron creados por Dios el Padre. Tuvieron género, inteligencia y personalidad, los que hemos traído con nosotros a la tierra. Ellos tomaron la forma de un ser humano, causando que lucieran como lucimos hoy, pero sin huesos, sangre y otros componentes de la mortalidad. En otras palabras, éramos nosotros mismos en forma de espíritu.
Después que se crearon nuestros espíritus, vivimos con Dios en una existencia pre-mortal. Allí aprendimos a conocer a Dios y Su Evangelio. Ganamos capacidades y nuestra personalidad y carácter comenzaron a desarrollarse. Crecimos y avanzamos, pero había limitaciones sobre cuánto podríamos progresar bajo esas circunstancias protegidas y limitadas.
Con esto en mente, Dios nos reunión para explicar la próxima fase del plan. En esta fase, nos darían un nuevo hogar, creado sólo para nosotros. Cada uno de nosotros tendría un turno para venir a la tierra y vivir. Aquí habíamos recibir un cuerpo, igual que el de Dios, pero imperfecto y mortal. Nos olvidaríamos de nuestras vidas en el cielo, pero traeríamos con nosotros quienes nos habíamos convertido hasta ahora. Con esto y los talentos y dones diversos que Dios nos daría, seríamos responsables de buscar la verdad y luego elegirla para vivirla una vez que la encontráramos.
Dios nos prometió ayudarnos. El Espíritu Santo nos testificaría cuando oyéramos la verdad. Tal vez has conocido a alguien y sentiste que lo habías conocido antes, o escuchado a alguien expresar sus creencias y algo en su interior le susurró que una vez usted sabía esto. El Espíritu Santo es nuestra guía para recordar lo que alguna vez conocimos.
La doctrina mormona confirma que Dios también nos prometió un Salvador. Él explicó que los elegidos para ser los primeros, Adán y Eva, a la larga traerían sobre sí la mortalidad, a través de la Caída. Todos heredaríamos determinadas condiciones, a causa de esta necesaria caída, y sin ayuda, eso significaría que nunca podríamos arrepentirnos o volver a Dios, porque nunca seríamos capaces de expiar de manera suficiente por nuestros pecados, ni podríamos vivir una vida perfecta.
Lucifer quería la tarea de salvarnos. Sin embargo, no aprobaba el plan de Dios y quería rechazarlo. Propuso que nos convertiría en meras marionetas, las que actuarían como quisieran, sin libertad en absoluto. Seríamos incapaces de pecar, porque no tendríamos control sobre nuestras vidas. Esto nos permitiría morir siendo perfectos. A cambio de esta obra, Lucifer quería toda la gloria para sí mismo. Un tercio de las personas en esta vida pre-mortal prefirieron la seguridad imaginaria de este plan, ignorando que haría que la vida en la tierra fuera sin sentido. Ellos decidieron seguirlo y fueron, junto con Lucifer, expulsados del cielo. Desde entonces, han dedicado su tiempo a tratar de hacer que todos los demás sean tan miserables como ellos.
Aquellos con más valor y fe optaron por seguir a Jesús, que también se ofreció a ser nuestro Salvador. Jesús propuso seguir el plan de Dios exactamente. Él vino a la tierra también viviendo, en algunos aspectos, como un mortal, haciéndolo capaz de comprender nuestras dificultades y desafíos. Él, sin embargo, tendría, además de una madre mortal, a Dios por Su Padre. Esta poderosa herencia haría posible que Él viva una vida perfecta y sin pecado, y así ser elegible para expiar nuestros pecados.
La doctrina mormona sostiene cuando llegara el momento, Jesús entraría en el Huerto de Getsemaní y tomara sobre Sí los pecados de todos los que habían vivido o que vivirían en la tierra, un proceso doloroso, al que Él se ofreció voluntariamente debido a Su amor por nosotros. Esto se llama la expiación. Luego, Él se permitiría a sí mismo ser muerto, y moriría en la cruz, para ser resucitado tres días después.
Con este plan en efecto, podríamos tener la vida que Dios planeó para nosotros. Nuestro tiempo aquí tendría sentido y propósito, lo que nos permitía tener nuevas experiencias, crecer y ser probados. Averiguaríamos realmente cuán gran fue nuestro gran amor por nuestro Padre, cuando viéramos cómo elegiríamos vivir cuando viviéramos por nuestra cuenta, de una manera similar a cuando un adulto joven descubre quién es en realidad sólo cuando se va de casa.
En la etapa final, estaríamos ante Dios y el Salvador para que nuestras vidas fueran evaluadas, con el Salvador actuando como nuestro abogado. La doctrina mormona afirma que Su don de la expiación haría posible que todos nosotros resucitáramos de los muertos. Nuestro compromiso a vivir el evangelio, combinado con la expiación, nos permitiría vivir con Dios, si nos preparamos adecuadamente para hacerlo. Dios, incluso preparó una forma de que aprendiéramos el Evangelio después de la muerte si nunca se nos lo ofreció en nuestra vida. Entonces, como ahora, seríamos libres de elegir, porque el albedrío es un aspecto fundamental de nuestra existencia.
Según la doctrina mormona, este Plan de salvación que Dios preparó para nosotros es uno de gran amor, sacrificio y equidad. Él y el Salvador hicieron su parte y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra buscando la verdad y consultando a Dios sobre lo que es verdadero.
