¿Los mormones creen en la Trinidad?
marzo 16, 2010 by admin
Archivado bajo Creencias Mormonas
La Trinidad es la creencia de que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son todos un solo ser -tres aspectos del mismo ser. Los mormones rechazan la trinidad como que es post-Bíblica. Las creencias mormonas aceptan a los tres seres como seres completamente separados, pero uno en doctrina y en propósito. Están totalmente unificados en su obra.
Los Trinitarios a menudo usan escrituras para respaldar su creencia, generalmente aquellas en las cuales Jesús dice que Él y el Padre son uno. Otra escritura popular se encuentra en Juan, capítulo 14:
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? (Juan 14)
Aquellos que sacan esa escritura de la versión del Rey Santiago a menudo no notan que un poco más abajo, Jesús demuestra lo que esto significa.
10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mí mismo, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
Este versículo demuestra que no son la misma persona, porque Jesús dice claramente que Él no está hablando de Sí mismo, ni es Él la persona que está haciendo las obras. Más adelante en el mismo capítulo aprendemos aún más:
20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
En este versículo, Jesucristo afirma que Él está en el Padre, pero Él sigue el mismo modelo diciendo vosotros (los apóstoles) están en Él. Claramente Él no estaba diciendo que los apóstoles también eran parte de la Trinidad. Si los apóstoles estaban en Jesús de la misma forma que Jesús estaba en el Padre, entonces el versículo quiere decir que están unificados, pero no son la misma persona. Debido a que ambas frases están en la misma oración, el significado está muy claro.
En el versículo final de este capítulo, Jesucristo expresa Sus sentimientos por Su Padre:
31 Pero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio el mandamiento, así hago. ¡Levantaos, vámonos de aquí!
Parece poco probable que Él fuera por ahí diciendo cuándo desea que el mundo vea cuando Se ama a Sí mismo. Este capítulo hace un excelente trabajo de demostrar la individualidad de las tres partes de la Deidad, como los mormones llaman a Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo.
En Juan, capítulo 8, vemos mayor evidencia de su individualidad:
28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que, como el Padre me enseñó, así hablo.
29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que a él le agrada.
En estos versículos, Jesús habla acerca de que Dios es la persona que le asigna Su obra. Él no hace nada por Sí mismo, sino que sigue las enseñanzas de Su Padre, y obra para complacerlo a Él.
Una persona que lee la Biblia cuidadosamente notará que hay muchos versículos que demuestran que Dios y Jesús son una familia, no un ser solo. La trinidad es un concepto que se desarrolló después de la muerte del Salvador y los Apóstoles. A Tertulian se le acredita ser el primero que usó el término para describir a Dios, Jesús y el Espíritu Santo, al escribir a principios del siglo III, y fue otro siglo después antes de que el Primer Concilio de Nicea lo declarara formalmente como doctrina, después de un debate en el cual cinco personas no estuvieron de acuerdo inicialmente. Se habló con tres para que cambiaran de opinión y los que restantes en desacuerdo fueron expulsados. La doctrina no fue declarada por un profeta, sino escogida mediante un debate.
Las creencias mormonas enseñan que Jesucristo es lo que la Biblia dice que es Él -el Hijo Unigénito de Dios el Padre. Aunque Él vino a la tierra, Dios continuó observándolo y cuidándolo en la tierra, oyendo oraciones, incluyendo las de Jesucristo, que no estaba orando a Sí mismo- y respondiéndolas. En perfecta armonía, ellos obran con el Espíritu Santo para llevar a cabo la obra de Dios.

