Diezmos y Ofrendas
febrero 16, 2010 by admin
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Los mormones damos el 10% de nuestros ingresos a la iglesia, lo que creemos que es un mandamiento de Dios. El que se pague de su ingreso bruto o neto depende de la persona y es un asunto entre ellos y el Padre Celestial. Al final del año, nos reunimos con nuestro obispo y él pregunta si son pagadores de diezmo íntegro.
Ya sea que las personas sean pobres o ricas, todavía creemos que una persona puede llegar a dar el 10% y que será bendecido por ello. Se trata de una cuestión de fe, como en la historia de la Ofrenda de la Viuda.
Se espera que demos de buena gana y creamos que el diezmo se debe pagar antes de que paguemos por la comida y refugio, porque creemos que ese dinero pertenece al Señor. En Malaquías 3:8 dice:
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
El Apóstol Pablo dijo:
“Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” (2 Corintios 9:7).
Según el Evangelio de nuestro Manual de Principios, el diezmo se utiliza para lo siguiente:
- Construir, mantener y administrar los templos, centros de reuniones, y otros edificios.
- Proporcionar fondos de funcionamiento para las estacas, los barrios y otras unidades de la Iglesia. (Estas unidades utilizan los fondos para llevar a cabo los programas eclesiásticos de la Iglesia, que incluyen la enseñanza del Evangelio y actividades recreativas y sociales.)
- Ayudar al programa misional.
- Educar a los jóvenes en las escuelas de la Iglesia, los seminarios y los institutos.
- Print and distribute lesson materials.
- Help in family history and temple work.
- Imprimir y distribuir el material de estudio.
- Ayudar en la historia familiar y la obra del templo.
El Señor nos ha dado esta promesa:
Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” (Malaquías 3:10).
Es un sacrificio pagar el diezmo, pero es una alegría saber que estamos ayudando a la obra del Señor y creemos que no podemos darnos el lujo de prescindir de las bendiciones que trae.

